¿Cómo se diagnostica la hiperplasia prostática?

El diagnóstico de la HPB  o hiperplasia prostática en sus etapas más tempranas puede disminuir el riesgo del desarrollo de complicaciones.
La demora en el diagnóstico puede causar daños permanentes a la vejiga, en cuyo caso el tratamiento de la HPB puede ser ineficaz.
Además del examen clínico general y la historia médica completa, los procedimientos para diagnosticar la HPB son los siguientes:
  1. Examen rectal digital (su sigla en inglés es DRE) – un procedimiento mediante el cual el médico introduce en el recto un dedo enguantado para examinar el recto y la glándula prostática para detectar señales de cáncer.
  2. Ecografía renal y prostática – un examen no invasivo mediante el cual se pasa sobre el área del riñón un transductor que produce ondas sonoras que rebotan contra el riñón y la próstata, transmitiendo la imagen del órgano a una pantalla de vídeo. El examen es útil para detectar tumores, cálculos y para conocer el volumen prostático y la cantidad de orina retenida debida al crecimiento de la glándula.
  3. Cistoscopia (también llamada cistouretroscopia) – un examen mediante el cual se introduce una óptica flexible con una pequeña cámara a través de la uretra para examinar la vejiga y el tracto urinario; detectando anomalías estructurales u obstrucciones, como los tumores o cálculos.
  4. Uroflujometría – un examen mediante el cual el paciente orina en un dispositivo especial que mide la rapidez con que fluye la orina. La disminución del flujo puede sugerir hiperplasia prostática benigna (HPB).

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